Caminamos por las calles del espacio, mirando asombrados. Siendo una parte ínfima de este todo. Sentimos que la igualdad de condiciones alcanza un nivel exponencial, ante tanta inmensidad… En una esquina de la vía láctea, nos atrae una luz incandescente, es la central de uno de los millones de sistemas solares que existen en nuestra galaxia. A un mas que ajustado ritmo, vemos los planetas danzando en perfecta sincronía. Nos maravilla y atrae particularmente el de color azul profundo e intenso. Entramos, nos fusionamos y somos parte de él. Las luces sin destino son infinitas pero no eternas. Si esta inmensa nada es capaz de conmovernos, cuanto habrá detrás del todo que se oculta tras el cosmos? Buscamos esa igualdad primigenia que nos habitaba cuando emprendimos el camino. La Justicia, casi inapelable con la cual se organizaron los ancestros. Don Osvaldo con armonía y melodías en orbita, se presenta en este espacio donde la dimensión de los barrios y el universo se entrelazan, en búsqueda de una paz que alcance a todos por igual, para que la esencia no desaparezca y los viejos valores perduren en la inmensidad.

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